¡Es el derecho de manifestación!

Sé que en Europa no es oro todo lo que reluce. También sé que los recuerdos personales con frecuencia no ayudan a objetivizar la experiencia sino más bien a distorsionarla. Pero en estos días convulsos en Cataluña no puedo evitar evocar las manifestaciones a las que asistía cuando vivía en Alemania. Recuerdo especialmente las manifestaciones neonazis, a las que solían ir dos centenares de neonazis, íbamos mil contra-manifestantes y unos mil policías.

La presencia policial era muy fuerte. Mirando los escudos de los agentes uno podía ver que se movilizaban policías de muchos Länder para las manifestaciones en una ciudad.

La organización solía ser perfecta y no dudaban en cortar calles, vías del tranvía e incluso del tren para separar a los manifestantes de los contramanifestantes y garantizar la seguridad de los miles de manifestantes antinazis, de los vecinos.polizisten
Había enorme presencia policial pero con grandes diferencias respecto a la policía antidisturbios catalana: todos los agentes tenían a la vista su número de identificación y su apellido (Schmidt, Keyser, Sahin o Mohamadou). No llevaban casco ni chalecos antibalas ni material disuasorio, que guardaban en las furgonetas dispuestas a distancia prudencial. Llevaban la cara descubierta y estaban dispuestos a contestar a las preguntas de cualquier ciudadano, fuese o no manifestante. De hecho esta es la obligación de un policía ¿No? Y esta disposición al diálogo era uno de los grandes alicientes de esas manifestaciones: uno podía entablar conversaciones sobre si procedían o no nuestras consignas, su actuación, nuestra presencia allí, etc.

Claro que en ocasiones la policía utilizaba la violencia. Según mi experiencia era precisamente para garantizar el derecho de manifestación. Así, viví como la policía dio empujones, sin material defensivo u ofensivo, para interponerse entre antinazis y nazis, o para alejar a los contramanifestantes, evitando el acceso de provocadores (los había) en las concentraciones neonazis… Insisto: cuerpo a cuerpo, usando más las palabras que los brazos.

Hasta aquí mis recuerdos, que seguramente dibujan una policía alemana diferente de la actual, y no solamente en el color del uniforme. En todo caso las diferencias con la policía catalana son enormes. Aquí tenemos policías que ocultan su identificación, que llevan defensas, máscaras y cascos hasta antes de que se concentren los manifestantes. Aquí tenemos uso de la violencia gratuita. Sí: gratuita. Lo he vivido yo, lo han vivido muchos otros y lo han denunciado organismos internacionales. Podemos hablar del desalojo de plaza Catalunya, del “setge al Parlament”, de la última huelga general y de las manifestaciones de ayer en Barcelona. Bien: la violencia tampoco es del todo gratuita: sirve para amedrentar, para disuadir al manifestante de manifestarse la próxima vez, para recordar al ciudadano de que el Estado no controla toda la violencia policial. Lo explicaba hace algún tiempo en este blog.

Se podrá decir que la alemana y la catalana son culturas políticas y democráticas diferentes. Se podrá decir que allí las manifestaciones son pacíficas y que no hay grupos “antisistema. Que no hay provocaciones por parte de los manifestantes. Que no hay incivismo.

Eso es falso. Es falso e improcedente.

Es sobretodo improcedente. Porque aquí no se trata de hablar de grupos violentos o incívicos, de estrategias de los manifestantes o de la naturaleza de las protestas. No. Aquí estamos hablando de un derecho fundamental de todos los ciudadanos, de los que son tildados como antisistema y de los que no, de los que protestan por la deriva cada vez más autoritaria del Estado o a favor de la independencia de Cataluña.

Visto lo visto, el derecho de manifestación en este país no está garantizado para grupos cada vez más amplios de la sociedad porque cada vez es más amplio el descontento. Si una ciudadana se siente intimidada y amenazada por los policías porque fue agredida gratuitamente en una manifestación pasada, porque he leído informes de Amnistía Internacional o porque sabe que ha habido manifestantes que han perdido un ojo aquí hay vulneración de un derecho fundamental reconocido en la Constitución, ese texto del que tanto habla la derecha.

Y aquí hay prevaricación y violación directa de derechos por parte de un gobierno que no solo no intenta mejorar la estrategia policial dirigiéndola a la protección del manifestante sino que tiende a reforzar todavía más la robotización de los policías y a proteger su impunidad.

Creo que por ello se debe intensificar la presencia en la calle para recuperar el derecho de manifestación. Por otro lado me pregunto, desde la ignorancia de jurista no práctico, si no ha llegado el momento de reclamar vía judicial contra el Estado que vulnera nuestros derechos de reunión y manifestación.
El debate sobre el incivismo, la violencia que no niego que pueda haber o sobre uniformes nos está haciendo perder de vista que, manifestación tras manifestación, nos están quitando los derechos fundamentales.

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